viernes, 9 de septiembre de 2022

NACIONALISMO CULTURAL EN TIEMPOS DE UNIVERSALISMO

En el año 1972 se publicó en Las Bases un artículo del General Perón titulado Hacia el Universalismo. Allí nuestro histórico conductor nos enseñaba que la evolución de la humanidad siempre se dirige hacia integraciones mayores, y la sintetizaba de la siguiente manera: Del hombre aislado a la familia, de ésta a la tribu, al estado primitivo, a la ciudad, al estado medieval, a la nacionalidad y, en aquel momento, al continentalismo. Finalmente profetizaba que la próxima etapa de la evolución sería el universalismo, y nos alertaba sobre el atraso de la integración latinoamericana sentenciando que "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados".

Perón, como buen político que actuaba sobre la realidad y no sobre la idea (razón por la cual creó una doctrina extraída de la tradición de su pueblo y no una ideología surgida de las mentes iluminadas de los claustros universitarios), sabía que esa evolución hacia el universalismo era irreversible e inevitable. En consecuencia, no se dedicó a juzgarla ni a elucubrar utópicas ideas para evitarla, sino que nos dio la clave de cómo debíamos actuar sobre esa realidad. Ello se observa claramente en su discurso del 1° de mayo de 1974, cuando expuso ante el Congreso su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. El General, en dicha oportunidad, reiteraba que el mundo iba hacia el universalismo y que ello "nos exige desarrollar desde ya un profundo Nacionalismo Cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo como individualidad propia, en las etapas que se avecinan". Y nos volvió a advertir que "mientras se realice el proceso universalista, existen dos únicas alternativas para nuestros países: neocolonialismo o liberación".

Es claro que Perón visualizaba hace décadas el proceso universalista, y también su faz negativa, el globalismo neocolonialista. Pero además tenía muy claro que la puja entre liberación o dependencia no tendría su eje tanto en el aspecto militar, sino que el nuevo colonialismo sería primordialmente cultural. Por esta razón nos daba una solución, enarbolar el Nacionalismo Cultural como la cuarta bandera justicialista. Es decir que el General consideraba al Nacionalismo Cultural como único remedio a la globalización homogeneizadora, siendo partidario de un universalismo en que se respeten las particularidades de cada Nación. Un universalismo de liberación con basamento en la fraternidad y la colaboración entre los pueblos, en contraposición a un globalismo neocolonialista de dominio cultural para el sometimiento y la explotación.

De lo expuesto, resulta evidente que esta exaltación de lo propio no va en contra de nadie, ya que, como se expresa en Doctrina Peronista, nunca hemos pretendido una hegemonía política, económica o espiritual sobre otras naciones o pueblos. Sólo reivindicamos el derecho a mantener nuestra propia identidad, no a quitársela a los demás. Por ello el justicialismo siempre sostuvo “el derecho de cada Nación de adoptar la filosofía político social más de acuerdo con sus costumbres, religión, posición geográfica y circunstancias históricas, si es que en verdad se quiere subsistir con la dignidad y jerarquía de Estado soberano” (Doctrina Peronista).

Ahora bien, ¿S.S. Francisco no nos propone lo mismo hoy cuando nos habla de la Esfera y del Poliedro? “La esfera –explica el Papa– puede representar la homologación, como una especie de globalización: es lisa, sin facetas, igual en sí misma en todas sus partes. El poliedro tiene una forma semejante a la esfera, pero está compuesta por muchas caras. Me gusta imaginar a la humanidad como un poliedro, en el que las múltiples formas, expresándose, constituyen los elementos que componen, en la pluralidad, la única familia humana”. Evidentemente el Papa y el General tienen el mismo remedio para el peligro que engendra el globalismo homogeneizador, que no es otro que el derecho de cada pueblo de identificarse con su cultura mediante el fomento de un sano nacionalismo, evitando naturalmente un nocivo chauvinismo etnocentrista. ¡Pero que se entienda! … esta similitud no es porque el Papa sea peronista, como maliciosamente dicen a diario los agentes de Clarín, sino porque el peronismo es profundamente cristiano, como se establece en la verdad justicialista número catorce. Podemos decir que ambos tienen la misma receta porque parten de los mismos principios de moral social, los cuales están condensados en la Doctrina Social de la Iglesia. No en vano Perón nos dijo en Conducción Política que con el justicialismo se pudo poner en “ejecución la doctrina social cristiana que hace dos mil años estamos predicando”.

Como siempre, el General estaba en lo cierto, y hoy vemos como los pueblos reaccionan ante el globalismo reafirmando sus culturas y tradiciones. Después de setenta años estamos virando nuevamente hacia los nacionalismos; Trump y Putín son claros ejemplos de ello. A Dios gracias, podemos decir que el mundo digitado tanto en Yalta como en el Consenso de Washington ha muerto. Pero en este nuevo contexto internacional surge otro interrogante ¿Estos nacionalismos serán una liberación para todos los pueblos o serán nuevas formas de dominio de un pueblo sobre otro? La respuesta todavía no la tenemos, pero sí la esperanza. Ella radica en que el Papa Francisco, como líder espiritual (no como conductor político, como pretenden algunos), pueda iluminar este irreversible proceso mundial. En fin, como peronistas, celebramos este resurgir identitario, ya que nuestra doctrina es esencialmente nacionalista; pero también, por ser peronistas, anhelamos que sea una nueva etapa de confraternización entre los distintos pueblos, naciones y culturas, y no de enfrentamiento entre ellos, porque nuestra doctrina no solo es nacionalista sino que también es profundamente cristiana.

* Artículo publicado en el Boletín "Hacia una... III Posición" (Número 2 - Noviembre de 2018).

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